CONTRASEÑAS
Estaba pensando recién la cantidad de contraseñas que uno almacena en su memoria.
Es interesante la relación que nuestras cabezas hacen frente a determinadas imágenes en las pantallas de las computadoras, cajeros o lo que fuera y su consecuente tecleo con la correspondiente clave que lo habilita a seguir con el trámite que se propuso realizar al ponerse frente a ellas.
Estoy de acuerdo con la seguridad informática, todos sufrimos algún ilícito por culpa de alguna “avivada” de un chorro que utiliza nuestra clave para robarnos, ya sea, plata, datos o información, pero creo que esta paranoia en algún momento tiene que parar. Es impresionante la cantidad de “passwords” que uno maneja!!!.
Si me pongo a contar aparecen en mi memoria la contraseña de la alarma del trabajo, la del teléfono para hacer llamadas al exterior, la de los mails, algún juego on line que esté jugando, la del blog, la del cajero automático y la de la consulta por la web de la caja de ahorro, cerca de 5 contraseñas más que utilizo en sistemas exclusivos del trabajo donde estoy, tengo cerca de 10 o 15 distintas y eso que repito en varias de ellas. Ni que hablar cuando uno debe usar una computadora de algún compañero, ahí la suma asciende a más contraseñas todavía.
Para colmo hay todo un reglamento para crear una contraseña. Si es numérica tienen que ser cuatro dígitos que no tengan correlación alguna ni se repitan, o bien que no sea ni la fecha del cumpleaños, ni el DNI. Si es alfanumérica tienen que ser más de 8 caracteres, no deben repetirse, en algunos casos la letra repetida debe aparecer después del cuarto caracter, deben ser letras y números, empezar con mayúsculas, etcétera.
En fin, llega un momento en que uno no sabe cual carajo de las contraseñas es la que corresponde introducir.
Pero como decía al principio, es como el caso del perro y la campanita (no me acuerdo el nombre del científico que hizo tan famoso experimento), el perro reaccionaba ante el sonido de la campanita generando una secreción de saliva ante el inminente plato de comida. Bueno, la mente actúa igual ante las contraseñas, aparece una pantalla y es inmediata la relación con el nombre de usuario (que a veces cumple con los requisitos de contraseñas) y la palabra clave que se debe introducir.
Lamentablemente los justos pagamos por los pecadores, en este caso me considero dentro del primer grupo porque nunca tuve intención siquiera de manipular datos ajenos, lo cual lo considero un grave delito.
Como para terminar este reflexivo post (y que quedará rápidamente en el olvido) destaco la actitud de dos amigos que encontraron una tarjeta de debito recientemente entregada con su respectivo “pin” y lo devolvieron, esos si son “buenos tipos”.
martes, febrero 27, 2007
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1 comentario:
Si si coincido en un 100% ... igualmente dejame tomarme el atrevimiento de sumar a tus contraseñas los datos relativos a: fechas de cumpleaños, numeros de DNI, fechas de vencimiento de facturas ( aguante el aviso de corte!!), numeros telefonicos (lease: fijos y celulares)... y debo reconocer en estos momentos que no me acuerdo del nombre de todos los conocidos! soy la tipica que dice "si le veo la cara me re acuerdo" ( ja!). Te agradezco tambien tu pasada y comentario por mi blog...
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