miércoles, marzo 14, 2007

DIA DE LLUVIA

Hoy hice nuevos amigos. Que bueno! dirá el lector, pero lamentablemente los hice debajo de un techo que nos servía de refugio a los transeúnte que desprevenidamente nos agarró un chaparrón. Y bueno charla va, charla viene, las nubes se disiparon y pudimos seguir nuestros caminos.
Si, todo muy lindo, pero ya estoy podrido de la lluvia!! Estamos en el mes de marzo y hace aproximadamente dos meses (desde mediados de enero) que llueve por lo menos dos veces por semana, lo cual ya es un exceso para estos lugares.

El tema que siempre me inquietó es por que en determinados horarios tiende a llover siempre. Voy a tratar de ser lo más claro posible, me inquieta el hecho de que llueva en la franja que va entre las 7 y las 9 de la mañana, horario común de ingreso al trabajo, y entre las 12 y las 13.30, que es el horario de salida del trabajo o de salida e ingreso de los chicos al colegio.
Seguramente se hacen más notorias las precipitaciones porque es un horario de entrada o salida masiva de los distintos establecimientos, perfecto, pero no me nieguen que es muy común que a esa hora llueva y no a media mañana o a media tarde.
Para colmo los padres de los escolares se vuelven estúpidos, una leve llovizna es suficiente para que entren en shock y comiencen a realizar maniobras estúpidas con sus autos o corran desesperadamente, todo para que el nene no se moje un poquito, cuando al nene lo que más le gusta es empaparse.
Otra cosa que agrego a este protestón post es el hecho de la gente que camina con sus paraguas debajo de los toldos y techos, impidiéndole a quienes han salido de sus hogares desprevenidos poder contar con la complicidad de estos refugios ocasionales que los mantienen a salvo de las gotas despiadadas (guaaaa). O cuando los conductores se ponen locos antes una lluvia que les moja los techos de los autos (ellos no se mojan!!) y lo hacen esperar en la esquina a quien si está soportando el agua y el viento, ni hablar cuando cruzan por un charco y te empapan.
En fin, la gotera de mi casa me tiene re podrido y me la agarro con todo lo que caiga del cielo, basta de agua que dentro de poco estamos en el medio del Paraná flotando.

jueves, marzo 08, 2007

EL SUEGRO

Ser padre es una de las experiencias más hermosas que nos regala la vida, dicen quienes han pasado por esta situación, pero tener una hija es una bendición, aunque ahí mismo nace una maldición…
El mismísimo día en que se levanta a la criatura, se ve a esa princesita que irrumpe en la vida familiar, se disfruta de todo eso, nace una pesadilla: “quien será el hijo de puta”.
Es inevitable pensar en el día en que nuestra reina de la casa traiga su primer novio para presentarlo a la familia, en la primera vez de esta indefensa personita, en los desengaños de su vida amorosa.
Ustedes dirán que soy un exagerado, pero solo pregunten a los padres de hijas mujeres –si no lo están pensando en este momento mientras leen estas líneas- los nefastos pensamientos que se les cruzan en sus mentes, mientras ven crecer a sus nenas. Pocos pueden zafar de esto, nadie, diría yo. O se creen que lo de la escopeta es una frase solamente?
Hay dos cosas que lo carcomen al suegro, o al padre de la novia, como prefieran, una de las cosas es que sabe como funciona el sistema, el sabe que tarde o temprano algún mocito se acercará a su hija a hacerse el galán, buscará sortear las trabas que el pueda poner y hará lo posible para quedarse con su presa. La otra cosa, y la que más le duele, es que a su hija le va a encantar lo que le proponga el muchacho que sea de su agrado.
Creo que en este último aspecto hay que hacer hincapié, la chica deja de ser “la nena de papá” para entregarse a los brazos (en los más considerados casos) de un guacho pervertido – a la vista del padre, obvio-.
Y un día, mientras el papá dormía o comía un asado con los amigotes, su nena se enamora, y después sufre y su vida empieza a girar en torno a otra persona. Ya no corre a los brazos del papá como cuando era chica y algo la asustaba.
La peor pesadilla la vive el papá que de joven (y no tan joven) fue un atorrante, que hizo lo que quiso con las mujeres. Ahí todos los malos ratos que les hizo pasar a sus chicas de turno se le vienen a la memoria y llega a hacer promesas estúpidas para que no le toque un pibe así, la purga, como se dice en el campo.
Lo cierto es que cuando nace la muñequita el miedo que surge es como una pelota que se patea para adelante, pero cuando la princesita se vuelve una súper desarrollada nena de 13 años, el miedo es muy fuerte, el abismo está cerca. El casi infarto se vive el día en que se encuentra una cartita en su guardapolvo o suena el teléfono y ella habla casi en susurros. El lobo está cerca….
Saltamos un poco las etapas y llega el momento de la presentación en casa del novio de la nena. El padre se vuelve “idiota”. O hace escenitas de celos, o los comentarios son todos para incomodar al intruso o directamente se va de la casa para no presenciar ese fatal momento. Luego termina asumiendo que a su hija le gusta, a su hija le gusta!!!!, en fin, su hija creció….
Una vez ya en pareja, el suegro asume un rol raro, hasta contradictorio diría. Sus pensamientos no tienen demasiada lógica. Si tiene además un hijo varón y este es un turro con la novia no hay problemas, pero con la nena no lo admite. Si el nene no le pone los puntos sobre las “i” a su chica es un pollerudo, pero la nena no se tiene que dejar influir por su novio, ella tiene que mandar en la pareja. En fin, es complicado hacer una interpretación lógica de estos razonamientos.
Ya con el transcurso del tiempo la estadística (si, hay estadística para todo) demuestra que el padre se complementa bien con el yerno y logra una buena relación, pero el paso previo a todo esto deja varios disgustos.
La relación “nuera-suegra” es complicada, pero es como que las madres no ven la fragilidad de sus hijos frente a sus chicas, cosa que si perciben los papás de hijas mujeres, es más, muchas madres son cómplices de las andanzas de sus nenes.
Yo me encuentro en la etapa del acechador, pero vislumbro en el horizonte el momento en ser el acechado y con el paso de los años eso va generando un leve miedo a lo que se viene (si se viene, claro).