
Una cuestión de cálculo
El tema de este post es sumamente machista, o por decirlo de otra manera, es un problema que sufrimos los hombres en su mayoría, salvo alguno con otras costumbres, gustos y preferencias.
Voy al grano: a que distancia pararnos del mingitorio para no salpicarnos.
Tal vez a usted señora/señorita le parezca algo absurdo lo que planteo, pero le aseguro que no lo es y muchos de mis amigos podrán aseverarlo conmigo.
El problema se presenta mas aún en aquellos mingitorios que son como una especie de "cascadita" (ver foto) ya que uno por ahí desvía el chorro y las consecuencias son para nada agradables.
El tema reviste hasta un carácter matemático, porque si nos ponemos a pensar, entre el cuerpo de la persona tomando la distancia en línea recta desde el miembro al mingitorio se forma uno de los lados, desde ese punto en el mingitorio hasta donde cae el chorrito se conforma otro cateto y la hipotenusa del ¡¡triángulo!! es el chorrito mismo.
O sea, que si mi memoria no me falla, para no salpicarse y poder disfrutar tranquilamente de una buena meada (permítame el término) habría que sacar una derivada (operación matemática y no pregunte más) de manera que el chorro se dirija correctamente al lugar correspondiente, no levante demasiada agüita y se desagote rápidamente.
Sin embargo esto es considerando las demás variables estables, o como le encantaba decir a un profesor de economía ceteris paribus, pero hay otras cuestiones que influyen en el desarrollo de esta necesidad placentera como ser: algún estornudo que nos haga movernos, picazón de alguna mano, bolitas de naftalina (traidoras como pocas, porque uno se entretiene y cuando menos se da cuenta vuela un chorro) y podría seguir enumerando muchas mas.
En fin, no es fácil depositar nuestas aguas en estos aparatos, pero peor es hacerlo al aire libre cuando de golpe se levanta un vientito en el sentido contrario a la dirección del chorro, pero ese será tema para algún comentario o un futuro post.