martes, diciembre 12, 2006


EL GAY Y EL DANDY

El tema de este post proviene de una frase que alguna vez me dijo un amigo y que me ha hecho reflexionar bastante al respecto, es sobre “esa delgada línea que separa al langa del gay”.
Estamos en una época donde el cuidado del cuerpo y la importancia de las apariencias revisten un papel por demás importante. No es que antes no la tuvieran, pero es indudable el acento que se hace hoy en día en estas cuestiones.
Es muy común ver a hombres en los salones de belleza (antes “peluquería”, “barbería” o “lo del Coco” por ej.) haciéndose tratamientos similares a los de cualquier mujer. Tinturas, tratamientos faciales y hasta depilaciones totales (incluye zonas que ud imagina) forman parte del menú de opciones disponibles para aquellos machotes que quieran deleitar a la platea femenina con sus facciones “modelezcas”.
Se acuerdan del grupo Mambrú? Cuantos chiquilines (y no tanto) andaban con sus peinados no del todo masculinos!!. Es como todo, es una época y luego pasa, pero esta tendencia del cuidado superficial del cuerpo va en crecimiento y no se si tenga techo.
Hay casos extremos como el de nuestro querido Michael Jackson, todavía no se que carajo quiso hacerse en la cara, pero bueno… los resultados, patéticos por cierto, están a la vista.
Bueno, sin detenerme demasiado en casos particulares, intento decir que a veces es tan difícil distinguir a un pibe con onda para empilcharse, de aquel que tiene otras inclinaciones sexuales, y así con otros aspectos, no solo la vestimenta, llámese peinados, colgantes y accesorios y hasta gustos musicales (ir a ver Robbie William, por ej).

Me he dispuesto, de una manera totalmente arbitraria, describir algunos aspectos que nos pueden permitir diferenciar al “tipo con onda” del “sensible”, “mariposa”, “suavecito”, etc.:
Vestimenta: Musculosa de morley (creo que así se llama la tela), jeans largos y algo gastados y ojotas: GAY – La misma ropa pero el pibe está chamuyando mujeres y tomando una birra: LANGA.
Actitudes: Pasear por el centro de la ciudad con un perrito y/o gatito: MARACA – Lo mismo, pero el gatito tiene una mini de jean que le queda espectacular: DANDY
Accesorios: Colgante onda hindú con terminaciones en plumas blancas y piedritas al tono: GAY – Colgante con el medallón de Momo Sampler de Los Redondos: LANGA.
En la playa: se tira a tomar sol, previos masajes con leche de coco: GAY – Lo mismo, pero los masajes se lo hace a dos terribles rubias que lucen unas espectaculares cola less: LANGA. (y muy capo)
En el boliche: Toma con sorbete vodka con speed y licor de melón: GAY – Fernet bastante puro, porrón o vino acompañado de una bella señorita que toma lo nombrado en el item anterior: LANGA

Mas o menos he intentado hacer una acabada idea de esta separación, muchas veces las apariencias engañan y hacen que uno genere prejuicios sobre las personas, es el típico caso de los terribles maracas (cariñosamente, claro) vestidos de innegables machotes…

viernes, diciembre 01, 2006

Las cábalas en el fútbol

Cerrando este año futbolero, donde muchos de los espectadores no habituales del deporte más popular del mundo han renovado sus archivos en cuanto a nombres, selecciones y jugadas, quiero caer en un tema que en determinados equipos y personas reviste una especial atención: LAS CÁBALAS.

Antes que nada tengo que manifestar abiertamente que no creo, ni nunca tuve, alguna cábala, amuleto, etc. Es más, cada vez que quise relacionar algún suceso con un objeto, ropa o comportamiento mío, lo eché por tierra rápidamente.
En este sentido me centro en las cábalas en el fútbol, porque a mi criterio es uno de los lugares donde más se dan, no hay técnico o jugador que no sea cabulero.

Las cábalas, amuletos y demás objetos que sirvan para alejar el mal (o atraer el bien) son variadas y la mayoría de ellas no son creadas intencionalmente. Basta a que se de una circunstancia afortunada, un resultado positivo, un triunfo, etc., para que se la relacione con algún objeto y / o actitud de manera “directa, inequívoca e indiscutible”.
Así tenemos la famosa cábala de ver el partido en el mismo sitio – sea dentro de un estadio, frente al televisor en la casa de uno o bar -, a esto se le agregan variantes: siempre las mismas personas, con la misma ropa y hasta en determinados (y exagerados) actos, sin lavar la camiseta del club de sus amores.
Durante el Mundial pude escuchar algunas frases como “jefe, me voy a mi casa porque el primer partido contra Costa de Marfil lo ganamos y yo lo miré con mi señora” a lo que le respondían “pero vaya!! Que hace acá todavía?!”. N de la R: corresponde a una frase previa al partido con Serbia y Montenegro, donde nuestro seleccionado ganó 6 a 0 con baile incluído.
Otra frase que es muy común es “terminó el primer tiempo, vayan al baño y vuelvan a sus lugares”.

Otras modalidades son los objetos, a modo de amuleto, que se llevan encima -en su mayoría colgadas-, cadenitas, pulseras y anillos (prohibidos en el deporte) son disimulados con cintas o brazaletes. La utilización de la remera debajo de la camiseta, la misma ropa interior o un par de medias -agujereado ya-, son variantes a las cábalas.

Bueno, ahora empieza mi refutación a estas creencias populares, primero tengo que manifestar que en el mundo se mueven mil cosas mientras se juega un partido de fobal, mirá si por quedarte quieto se va a salvar el cuadrito, que de chiquito seguís, del descenso inmediato o de una terrible goleada con el peor equipo del campeonato!. Es más, si te sacás un moco, está cambiando la situación inicial del partido, otra cosa, la bandeja de sanguches que te lastrás mientras se juega el match (así dice Varski, periodista deportivo) ya no está igual que al comienzo o que cuando tu equipo se floreaba frente al rival de turno. Así que no la considero válida, o con el mínimo de credibilidad posible.
Con respecto a los objetos, es más estable, si bien no la considero irrefutable, por lo menos no es tan variable con el sujetar situaciones de la vida a resultados deportivos.

Esto pretende ser un mero ensayo, que podría ser ampliado casi sin límites, me animo a decir, pero que considero debe necesariamente incluir una conclusión al respecto.
Las cábalas o amuletos que se utilicen en el fútbol no tienen otro efecto más que darle la razón a una variable totalmente exógena al deporte acerca de un determinado resultado, es como quitarse la presión al jugador, hasta un técnico mismo toma esos recaudos (da a pensar que no trabaja muy bien que digamos).

Entre los más cabuleros tenemos a viejos zorros como “Mostaza” Merlo, “Coco” Basile (recordar el episodio del talco en la camisa con el “panadero” Díaz) y sin lugar a dudas uno de los más adeptos a las cábalas es el sr (y me pongo de pie) Dr. Carlos Salvador Bilardo.