miércoles, febrero 14, 2007

LAS ESTRUCTURAS EN LA VIDA

Hoy me he dispuesto a escribir algo que particularmente me afecta y que luego de compartir charlas con amigos y reuniones con distintas personas, he llegado a asumir, y en este post más que nunca, abiertamente. El tema que hoy me ocupa, y seguramente dejará pensando al lector sobre su situación particular, es mi excesiva estructuración en todo ámbito de la vida, en otras palabras, me declaro estructurado.
Si buscamos la palabra estructura en el diccionario de la Real Academia Española (www.rae.es) vemos que una de las palabras que se destaca en cada una de las diferentes definiciones y conceptos que nos da de la palabra, es “distribución”. A que voy con esto, estructurarse en las distintas cuestiones de la vida significa hacer un acomodamiento de las prioridades y luego respetarlas, casi a rajatabla podría decirle, hacer una distribución de nuestro tiempo y de nuestros recursos de manera de poder hacer uso de ambos elementos de la mejor manera posible.
Una estructura no siempre implica algo rígido o inamovible, en algunas ocasiones representa algo más flexible, más que nada basado por principios rectores que conforman ese esqueleto rector de cada uno de los actos de nuestra vida.

Bueno, viene medio pesadito el post, muy filosófico (y es algo que no me identifica) así que paso a comentarles cuando cerré la idea de mis comportamientos, ideas que ya venía masticando pero que me negaba a aceptar. Tengo ciertos comportamientos que tiendo a repetir sin que me lo proponga, hábitos, comidas, vestimenta, etc etc, he aquí algunos ejemplos de los mismos:
Estuve un año seguido (todo 2006 prácticamente) comiendo galletitas “Traviatta” sin una explicación posible, solo voy al super y las cargo, ni siquiera se si hay otras más baratas o que rindan más, etc etc. Con respecto a la comida tengo miles de ejemplos, tengo un menú que ronda 5 o 6 comidas y mis compras en el supermercado ronda alrededor de ellos, los productos son siempre la misma marca sin una explicación acerca del tema. Les digo más, hace 6 meses que desayuno yogurt de frutilla con cereales y galletitas saladas con mermelada de durazno (todos de la misma marca durante este tiempo).
La ropa siempre la utilizo realizando las mismas combinaciones, nunca usé una camisa azul con un pantalón claro que tengo para el trabajo, sin alguna explicación posible, recién me puse a pensar en eso.
La rutina: todos odiamos la rutina (o todos decimos odiarla) pero quien no la quiere?. Admito que me ha generado situaciones “estresantes” los cambios de rutina, por ej cuando empiezo un nuevo trabajo, cuando me mudo de departamento, etc etc..
Buscando una explicación posible, es como que uno toma una decisión en un momento, lo analiza y luego usa el mismo patrón para todas las decisiones futuras.

Igual, en reiteradas oportunidades he intentado “desestructurarme” y no he llegado a buenos resultados, es como que pierdo el eje, tengo que tomar una medida razonablemente y no salirme de ella y así evito actividades que son ineficientes e ineficaces en algunos casos.

En fin, creo que no soy el caso extremo del tipo estructurado, y que todos los días lucho por lograr un equilibrio entre dos posturas encontradas, ni un total estructuralismo, ni tampoco una liberalidad anárquica, porque después de todo, como diría un amigo, la vida es una constante búsqueda de equilibrios…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gonza, la rutina es agradable, lo que es feo es la rutina fea, pero cuando uno hace rutinaria las cosas atractivas que tiene a su alcance, termina siendo una rutina placentera. Lo malo no es trabajar todos los días sino en que se trabaja, ni tener que darle la cara al mundo todos los días sino como se la tiene que dar.
Hay quienes no entienden que disfrutamos de nuestro estructuralismo. Sigue adelante amigo mio.

arca_noe dijo...

Creo que la cuestion está en no lograr que gane la "costumbre" en nuestros hábitos. La costumbre aburre, el aburrimiento trae sedentarismo, y el sedentarismo ganas de hacer mas nada, porque te acostumbraste a no hacerlo.
A veces es gracioso levantarse y darse cuenta que la rutina se ha vuelto un hábito y que en cierto punto nosotros tenemos la posibilidad de torcer el rumbo.
Coincido con vos de que cuando he intentado romper con la rutina me he vuelvo un completo desastre.
Por lo menos hoy puedo decir que: rutina, manias y yo nos llevamos bárbaro, ja!