
El pálpito ajeno
-Hola Fabi, anotame el 824 tres pesitos a la cabeza que después paso a arreglar por ahí…
-Disculpe, con quien quiere hablar?
-Tut tut tut tut… (la vieja colgó muy mal educadamente)
Y que quieren? Me dejó su pálpito, eso tan secreto y sagrado como intentar adivinar que número puede llegar en la quiniela… yo lo voy a jugar, pensé inmediatamente.
Y así fue, salgo del laburo y me voy pateando para mi casa a tomar unos verdes tranquilo nomás, agotado después de una larga jornada laboral, paso por lo del “Pelado” y juego el 824 dos pesos a la cabeza y un pesito a las diez cifras, pero solo de la Lotería de Santa Fe.
Ya saqué cuentas cuanto sería, si no le erraba $1200 más o menos, linda platita, arreglo algunas cositas que tengo pendiente.
Llegué a casa, hice el ritual de besar la boleta y pegarla con un imán en la heladera, hasta la mañana en que vería si ese llamado era divino, si provenía del mas allá.
La mañana siguiente camino al trabajo como todos los días paso por la agencia para ver los números escritos con tizas en los enormes carteles, uno a cada lado de la puerta, con todos los resultados de la timba de la noche anterior, pero todavía no habían hecho su trascripción y como estaba apurado, decidí verlo a la tarde.
Pasó el día, entre líos laborales y planes de fin de semana se me pasó por alto que tenía que ver que había salido en la de Santa Fe a la cabeza.
Ya en el día sábado me acordé pero las cifras no estaban más en las pizarras, así que pasé por una agencia y pedí un extracto con todos los números… el final lo dejo para el lector (después de mirar la foto que se adjunta a este post donde están la boleta y el correspondiente extracto del día de juego), lo único que les digo es que estuve buscando a una vieja que se las haya querido cortar… al igual que yo.
-Hola Fabi, anotame el 824 tres pesitos a la cabeza que después paso a arreglar por ahí…
-Disculpe, con quien quiere hablar?
-Tut tut tut tut… (la vieja colgó muy mal educadamente)
Y que quieren? Me dejó su pálpito, eso tan secreto y sagrado como intentar adivinar que número puede llegar en la quiniela… yo lo voy a jugar, pensé inmediatamente.
Y así fue, salgo del laburo y me voy pateando para mi casa a tomar unos verdes tranquilo nomás, agotado después de una larga jornada laboral, paso por lo del “Pelado” y juego el 824 dos pesos a la cabeza y un pesito a las diez cifras, pero solo de la Lotería de Santa Fe.
Ya saqué cuentas cuanto sería, si no le erraba $1200 más o menos, linda platita, arreglo algunas cositas que tengo pendiente.
Llegué a casa, hice el ritual de besar la boleta y pegarla con un imán en la heladera, hasta la mañana en que vería si ese llamado era divino, si provenía del mas allá.
La mañana siguiente camino al trabajo como todos los días paso por la agencia para ver los números escritos con tizas en los enormes carteles, uno a cada lado de la puerta, con todos los resultados de la timba de la noche anterior, pero todavía no habían hecho su trascripción y como estaba apurado, decidí verlo a la tarde.
Pasó el día, entre líos laborales y planes de fin de semana se me pasó por alto que tenía que ver que había salido en la de Santa Fe a la cabeza.
Ya en el día sábado me acordé pero las cifras no estaban más en las pizarras, así que pasé por una agencia y pedí un extracto con todos los números… el final lo dejo para el lector (después de mirar la foto que se adjunta a este post donde están la boleta y el correspondiente extracto del día de juego), lo único que les digo es que estuve buscando a una vieja que se las haya querido cortar… al igual que yo.
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